Correcta posición del gobierno ante Guatemala

FEDERICO A. JOVINE RIJO

Trujillo siempre caminó con piedras en los zapatos. Aunque en sentido general el régimen gozó de una salud de hierro, tuvo altas y bajas, tanto en popularidad como amenazas. Los amagos de montoneras, invasiones e intentos de complots –a lo interno–, así como las firmes posiciones de gobiernos extranjeros que abiertamente brindaban asilo, refugio y logística a sus opositores, generaban preocupación en el tirano, por lo que siempre trató de tener una fuerza militar con una capacidad bélica superior a las necesidades locales, incluso por encima de las posibilidades reales de nuestra economía.

El apoyo de países de la región fue decisivo para el derribo del trujillato. Venezuela, Cuba, Costa Rica, Guatemala –entre otros—, aportaron algunos de los clavos que fueron puestos en el ataúd del 30 de mayo. Los presidentes de esos países cerraron fila con los mejores intereses del pueblo dominicano; algunos perdieron el poder por hacerlo –como Arbenz–, y otros casi mueren en el intento, como Betancourt. En el caso de Guatemala, el presidente Juan José Arévalo apoyó al exilio dominicano brindando refugio, acogida e incluso armas y pertrechos. En 1972, exiliado, con militares contrarios gobernando en su país, Arévalo fue reconocido con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella por su apoyo a los grupos antitrujillistas y sus desvelos en favor de la democracia dominicana.

Como casi toda la región, hoy Guatemala transita de manera sostenida por la senda de la democracia, y, a pesar de sus altas y bajas, la alternancia política ha sido una realidad en las últimas décadas, sobre la base del Estado de derecho y la celebración periódica de elecciones generales. No obstante, el país centroamericano no escapa a los cuestionamientos hechos a la clase política –fenómeno en ascenso en toda la región–, al descreimiento en sus instituciones, y a los intentos de voladura desde adentro que sectores antidemocráticos pretenden realizar. En efecto, en las elecciones presidenciales del 20 de agosto, contra todo pronóstico y buena parte del establishment adversándolo, Bernardo Arévalo –hijo del ex presidente Arévalo– se impuso en la segunda vuelta con el 58% de los votos, lo cual evidenciaba que contaba con el apoyo mayoritario del pueblo guatemalteco, pero, no obstante eso, desde esa fecha ha tenido que enfrentar toda suerte de obstáculos institucionales, siendo el último el protagonizado por el Ministerio Público de ese país, que solicitó la anulación de las elecciones generales, lo que técnicamente constituye un golpe de Estado “blando”. La urgencia de los hechos, obliga a actuar sin dilación, máxime que ya en Centroamérica dos países recorren la senda del autoritarismo y la vulneración de derechos fundamentales.

En un acto de mucha responsabilidad política, el presidente Luis Abinader anunció el compromiso del Estado dominicano de estar de lado de las mejores causas del pueblo guatemalteco y de hacer valer los resultados de las elecciones de agosto, manifestando su apoyo al presidente electo.

Honrar honra, y al apoyar a Arévalo, reafirmamos nuestra solidaridad con el pueblo guatemalteco, su democracia y nuestro eterno agradecimiento.