En torno a la Inteligencia Artificial

MANUEL MORALES LAMA

La Diplomacia, como instrumento de ejecución de la política exterior del Estado, debe auxiliarse de las “herramientas tan esenciales y efectivas”, como las facilitadas por la Tecnología de la Información y la Comunicación (TIC), y en ello ineludiblemente de la Inteligencia Artificial (IA).

Es en base a ello que recientemente la República Dominicana dio a conocer su Estrategia Nacional de la IA, que entre sus objetivos prevé “impulsar una política exterior proactiva y favorable a la IA”.

La IA se ha definido “como un conjunto de Tecnologías de Información y Comunicaciones (TIC), avanzadas, consistentes en máquinas capaces de imitar ciertas funcionalidades de la inteligencia humana, incluidas características tales como percepción, aprendizaje, razonamiento, resolución de problemas, interacción con el lenguaje e incluso producción de trabajos creativos” (COMEST).

En ese sentido, procede señalar que la Diplomacia se vale de diversas modalidades de ejecución. Dentro de ellas debe destacarse la Diplomacia Pública por lo esencial que suele ser la IA para hacer más efectivo su ejercicio.

La Diplomacia Pública se refiere a los esfuerzos y estrategias de comunicación que utiliza un país para interactuar con audiencias extranjeras, construir relaciones positivas y promover su imagen y valores en el escenario global.

Cabe destacar que la IA es una herramienta que tiene la capacidad de analizar grandes cantidades de datos de diversas fuentes, como redes sociales, noticias de prensa y consideraciones públicas, pudiendo ofrecer información sobre la opinión pública y las tendencias globales.

Esto permite a las autoridades competentes en las relaciones exteriores tomar decisiones con mayor conocimiento de causa, dar forma a los contenidos a ser difundidos y tener mayor eficiencia en el ejercicio de “las funciones de Observación e Información” que corresponden a las Embajadas, entre otros esenciales aportes de la IA.

No obstante, si bien es cierto que la IA ofrece importantes beneficios, esta herramienta debe utilizarse con sumo cuidado para evitar la influencia de informaciones erróneas o no del todo precisas y deben usarse siempre métodos de comprobación alternativos.

En ese contexto, debe destacarse que, a pesar de que la IA ofrece numerosas oportunidades para mejorar el ejercicio de la Diplomacia Pública, no es menos cierto que también presenta desafíos como, preocupaciones sobre la privacidad, consideraciones éticas y “la posibilidad de sesgo en los algoritmos de la IA”.

Lograr el equilibrio adecuado entre tecnología y Diplomacia es un aspecto fundamental para aprovechar eficaz y convenientemente la IA.

Desde otra perspectiva cabe puntualizar que, pese a todos los beneficios que ofrece la IA, el ejercicio diplomático sigue siendo una tarea fundamentalmente humana y la IA básicamente debe utilizarse para apoyar los esfuerzos realizados en determinados e importantes aspectos de la política exterior, lo que equivale a decir que en el ejercicio diplomático aún no es posible reemplazar a los propios diplomáticos por la complejidad y responsabilidad que caracteriza su quehacer en su calidad de “representantes del Estado”, como podría ocurrir en otras profesiones en que su ejercicio involucra actividades que han sido calificadas como “repetitivas” y “automatizadas”.

Consecuentemente es recomendable que los diplomáticos estén debidamente capacitados para valerse de estas fundamentales herramientas en su esencial quehacer, para el Estado que representan.