La bandalización periodística

Por ALBERTO QUEZADA

El ejercicio  del periodismo  en la República Dominicana ha tenido en las últimas décadas  un viraje degradante que debería preocupar a todos y todas. Nunca, como ahora, esa noble profesión había entrado en un proceso tan acelerado de deterioro como el actual.

La entrada al ejercicio periodístico de simulados y declarados miembros y dirigentes de partidos políticos a los medios de comunicación para hacer opinión pública  sin la acreditación profesional correspondiente ha llevado a esta situación degradante.

Al parecer, se ha perdido de vista que  los medios, en sus diversas formas, tienen un cometido indispensable como actores en el desarrollo y promoción de las relaciones entre los pueblos.

Los periodistas y comunicadores profesionales tienen la responsabilidad sagrada  de fomentar el conocimiento y el respeto de la identidad y diversidad cultural y lingüística y las tradiciones y expresiones religiosas como lo establece la  Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidos para la Educación, la Ciencias y la Cultura, UNESCO, sobre la Diversidad Cultural.

Quiero que quede claro que soy un defensor rabioso de  los principios de la libertad de prensa e información, de expresión y difusión del pensamiento,  que están consagrados en la  Constitución dominicana, en la Resolución 59 de la Asamblea General de las Naciones Unidas y en el  artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Sin embargo, resulta inaceptable que el ejercicio periodístico dominicano se haya bandalizado  y convertido en una verdadera industria del chantaje y la extorsión. Me resisto creer  que ejemplos y valores  del periodismo  consagrado y comprometido, como don Radhamès Gómez Pepín, Freddy Gatòn Arce, Rafael Herrera, Germán Emilio Ornes y Orlando Martínez, entre otros, hayan sido sustituidos. Esto no puede ser!

Lo que  hay  instaurado en este medio social es, y hay que decirlo con dolor,  una banda de periodistas y pseudos comunicadores  que  han asaltado  espacios en medios  radiales, televisivos, periódicos y portales  digitales,   para promover y defender intereses personales, políticos, económicos y sociales de manera asqueante al margen de todo código ético y rigor profesional . Se han constituido en verdaderas bandas, mafias  y carteles.

Y que no me vengan con la solfa de que los  identifique, porque ahí están a los ojos de todos, en los programas de opinión difundidos por la radio, televisión y periódicos, tanto impresos como digitales.

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