“Idiotas”: ¿Políticos o votantes?

Por MARINO BAEZ

El deslumbrante panorama político de República Dominicana es cada vez más sombrío y con el paso del tiempo, mayor el porcentaje de pobres; en efecto, está en aumento el número de familias ligadas al partido gobernante, que se enriquecen a través de la corrupción administrativa y el soborno que se estila en el Gobierno.

Parecería que para el dolor que envilece los órganos del cuerpo humano, no existe remedio para curar la enfermedad que trastoca las diversas instituciones del Estado y que mayormente termina en la clase más empobrecidas carentes de servicios básicos como: energía eléctrica, agua potable, salud, entre otros que son vitales para la subsistencia humana.

¡”Los dominicanos nos jodimos, estamos ciegos, o nos vendaron los ojos”!, para que no visualicemos la realidad que padece el país- me dijo un dominicano ceñido de resentimiento ante la debacle económica por la que atravesamos, donde ni el más inverosímil de los ciudadanos es capaz de reflexionar para combatir con desparpajo la centralización del poder que tienen los político del sistema, usado a su semejanza para mantener la impunidad.

Cuando un pueblo no piensa para votar sustenta al aspirante después del proceso electoral del cual resultó victorioso con actitudes perversas, lo que conlleva a ejercer el poder unilateralmente, lo que quiere decir que hoy en día, las elecciones se han convertido en un mercado por los votos y cargos públicos, a los cuales se aspira para salir del desempleo, la pobreza, incrementar riquezas y satisfacer anhelos de poder.

No me considero un versado del marketing político, sin embargo, de acuerdo con mis reducidos conocimientos debo colegir que desde un tiempo a esta parte, las campañas políticas se han convertido en un subterfugio donde se venden, sobre todo, imágenes, no contenidos, visto de que ya se acabaron los tiempos en que aquellos que gobernaban eran los mejores. Hoy quienes gobiernan son los maestros del espectáculo y la demagogia mediática que compran con dinero del propio Estado a los propietarios de medios para confundir a una población incapaz y carente de conocimientos.

Es importante destacar que, en la antigüedad a quienes sólo pensaban en ellos mismos, se les llamaba “idiotas”, término que viene del griego “idiotez”, el cual servía para referirse a aquellos políticos que no se ocupaban de los asuntos públicos sino de sus intereses privados, comportamiento mal visto por la población, en el sentido de que el ciudadano común poseía un sentido de pertenencia hacia su comunidad con disposición moral y era corresponsable de participar en las actividades públicas para seguir el comportamiento de sus representantes. Hoy es todo lo contrario, los políticos tratan como verdaderos “idiotas” a los votantes.

Con escepticismo y sin ánimo de menospreciar lo ético, porque en la política el término existe pero no se pone en práctica, la “ética” se relaciona con el “cambio” y el “cambio” contribuye a la mejora continua. En contraposición a lo expuesto, las cosas no son como las pensamos, porque como dice el dicho popular “cada cabeza es un mundo” y al político le han vendido que se llega a los cargos públicos para enriquecerse ilícitamente de los bienes propiedad del Estado a merced de intereses privados, grupos que traicionan la voluntad popular y en contra de la misión para la que fueron electos, o sea, el Gobierno se compone de ministros, funcionarios, legisladores y lambiscones de alquiler que se ofrecen al mejor postor como presa fácil del mercado económico.

Si queremos cambios debemos unirnos, redefinir las reglas de juego y respetarlas, incorporando marcos legales para enfrentar el juego político, exigiendo que los aspirantes a cargos públicos posean el perfil virtuoso de personas con decoro, conocimientos, ética, moral y cívica para dirigir los destino del país, porque sin la mejora cualitativa del perfil de los candidatos que ocupan los más altos puestos del Estado no será posible escapar de la democracia subdesarrollada, inmadura y corrupta que impera en nuestro país.

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